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jueves, 21 de abril de 2011

SER HADA MADRINA. Carmen Gil



Dicen que es duro trabajo
el de ser hada madrina:
ir siempre de arriba a abajo,
de China a la Conchinchina.

¿Qué hay que ayudar a un pingüino
a que aprenda a nadar solo?
Pues... volando al quinto pino,
al hielo helado del Polo.

El hada se abriga mucho,
pero allí hace tanto frío
que le tiembla el cucurucho
y al encantar se hace un lío.

Si anda triste y medio muerto
un camello por amor,
hay que viajar al desierto
y pasar mucho calor.

Con más de cincuenta grados,
ninguna sombra a la vista
y arena por todos lados,
no hay un hada que resista.

Si un topo precisa auxilio,
es cuando al hada le agobia
trabajar a domicilio,
porque tiene claustrofobia.

A tres metros bajo tierra,
al hadita bonachona
su trabajo le da guerra:
¡La magia no funciona!

Con un horario horroroso
y más de un inconveniente,
¿hay oficio más hermoso
que hacer feliz a la gente?